El conflicto comenzó luego de la visita de Milei a Brasil para apoyar a Flavio Bolsonaro en la carrera por la presidencia. Allí, el presidente argentino calificó a Lula de “ladrón”, “presidiario” y “basura socialista”. También insultó al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes, a quien definió como “basura calva”. En el gobierno brasileño interpretaron esa intervención como una injerencia en asuntos internos. La reacción se agravó porque los ataques se produjeron en territorio brasileño y alcanzaron tanto al jefe de Estado como a un magistrado del máximo tribunal.